El huevo se convierte en un alimento altamente nutricional que, en muchas cocinas españolas, se constituye como un elemento o ingrediente importante a la hora de elaborar muchísimas recetas (con independencia de que sean o no postres).
Sin embargo, desde hace décadas es un alimento natural sobre el que revolotean muchos mitos, los cuales –la gran mayoría- tienden a ser creencias erróneas que no se fundamental en absoluto.
Dos de las más conocidas: que el huevo engorda y sube los niveles de colesterol. Lo cierto, respecto al primer punto, es que un huevo de unos 65 gramos aporta solo 84 calorías (frito aporta 108 kcal). Y, respecto al segundo, aunque sí es cierto que contiene colesterol, aporta lecitina, un nutriente que consigue que el intestino no absorba su contenido en colesterol, pero sí se deposite en aquellas partes del organismo que pueden ser metabolizadas fácilmente.
No obstante, existen diferentes formas de cocinar un huevo cuyas particularidades son principalmente una: permiten disfrutar del sabor del huevo de manera diferente, y con sus variadas cualidades.


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Existen una gran diversidad de formas distintas para cocinar los alimentos, lo que aporta una gran variedad de sabores y aromas, dependiendo no solo del alimento, sino del plato que vayamos a preparar y de la forma de cocción escogida.
Es cierto que existen diferentes formas de cocinar los alimentos, cuya opción depende del tipo de alimento que vayamos a elaborar, o más concretamente del tipo de comida que se vaya a preparar.